" ¿ Por qué cuernos me engañaste?" , de Ana von Rebeur , Editorial Norma , 2010

domingo, 12 de septiembre de 2010

La infidelidad entre los gays


La infidelidad entre homosexuales


Ser gay es cosa de machos


Aunque lo lógico sería que nadie, excepto a a pareja de uno, debiera importarle nuestras inclinaciones sexuales, el caso es que a la gente a quien no debiera importarle, le importa. Esto prueba que estén donde estén , los homosexuales erotizan a medio mundo, haciendo pensar en sexo a gente que debería estar pensando en terminar planillas contables .
También es absurdo que si nos ven con aspecto “normal” presupongan que uno es heterosexual, cuando hay tantas tendencias sexuales como personas: superhetero, hetero, no tan hetero, hetero tirando a gay, gay machote, gay no tan delicado, loca desenfrenada, ultragay, etc….
Hay mujeres normales enamoradas de sus perros, hombres normales enamorados de sus autos y hombres normales que se calientan haciendo llamadas telefónicas obscenas…En verdad: ¿a quién le importa cómo es nuestra vida sexual si no planea ser nuestro amante? ¿Es que uno va advirtiendo por ahí, con pancartas, “soy vegetariano”, o “loco por el chocolate”? Pese a que las mujeres compran revistas femeninas llena de fotos de mujeres semidesnudas y los hombres se obsesionan mirando deportes repletos de machos sudorosos que se abrazan, hay una especie de conspiración internacional que mira a la homosexualidad con sospecha y recelo, pese a que siempre existió y tuvo tiempos más mejores y más libres. En la naturaleza todos los animales son bisexuales, y no hay bisexualidad solamente entre los que no tienen reproducción sexual, como los erizos marinos y los áfidos. Se ha observado hasta en 1.500 especies de animales bisexuales, en un índice que varía desde un 2% a un 15%, según qué especies, siendo el campeón una especie de loro con un 44% de ejemplares que mantienen relaciones con su propio género. Las gaviotas hembras se cortejas y arman parejas homosexuales para criar pichones que precisan dos madres, de molestos que son. Entre los delfines y ballenas, las hembras se frotan entre sí imitando el acto sexual con machos. El filósofo griego Aristóteles ya contempló casos de lesbianismo en un grupo de hienas. Se supone que lo hacen para fortalecer los lazos sociales, para disipar los impulsos agresivos y porque es placentero. En el zoológico de Tokio, viendo que los cisnes no se reproducían, trajeron parejas del sexo opuesto desde Londres, sin ningun éxito: las parejas gays no querian saber nada con la heterosexualidad. Entre nosotros hubo épocas en que se pensaba lo mismo: hay poemas hindúes de amor homosexual que datan del siglo XV. Los antiguos romanos y griegos tenían amantes varones porque amar a una mujer era un bochorno: ellas era sólo simples amas de casa. El emperador Augusto tenía un novio bellísimo llamado Antinoo que fue deificado cuando murió ahogado en un viaje por el Nilo, y su figura fue retratada por siglos, hasta el punto del hartazgo: una suerte de Ricky Martin de mármol. El tan prestigioso Leonardo da Vinci tuvo tanto tiempo para inventar tantas maravillas, cocinar y pintar…porque era gay. Pero hubo malas rachas también: Oscar Wilde murió en la cárcel por tener novio. Y el rey de Alemania Federico II de Prusia “el Grande” supo que había de disimular su orientación sexual cuando su padre degolló a su amante, el teniente Hans Hermann von Katte, delante de sus ojos.
Estigmatizar a una persona porque encuentra que el objeto de su deseo es de su mismo sexo es de fruto de una ignorancia descomunal. Latinoamérica es una cultura de tradiciones machistas, que obliga al homosexual a esconder su situación sentimental como si fuera un crimen. Recién en 1973 la American Psychiatric Association (APA) eliminó la homosexualidad de la lista de desórdenes mentales y dos años más tarde lo hizo la American Psychological Association. Recién el 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) también excluyó la homosexualidad del Código Internacional de Enfermedades La homosexualidad es ilegal en 80 países y castigada con la pena de muerte en siete países . Panamá dejó de considerar ilegal la homosexualidad en 2008 y Costa Rica modificó su Código Penal en 2002, para eliminar la tipificación como delito la “sodomía escandalosa”, lo que Burundi logró en 2009 .La homosexualidad ahora es legal en 115 países de todo el mundo. España reformó su legislación en tal sentido en 1979, detrás de Francia, Bélgica y Luxemburgo, Holanda e Italia.Los últimos países europeos que despenalizaron la homosexualidad fueron Portugal (1983), Estonia y Letonia (1992), Lituania e Irlanda (1993), Rumania (1996) y Chipre (1998)..Solo siete países y cinco estados de Estados Unidos consienten el matrimonio entre homosexuales. En los países como los nuestros- donde se espera que un hijo varón sea boxeador o futbolista de acuerdo a las pataditas que da en el vientre materno-, pensar que un hijo sea homosexual sigue siendo una “mala noticia” para la familia. La sanción social contra la homosexualidad complica toda la vida amorosa de cualquier gay o lesbiana. En la lesbiana el cuadro es aún peor: ¿cómo se atreve a no querer ser madre y a prescindir de los hombres? Sólo por eso en la Inquisición quemaban a todas las solteronas, acusándolas de brujas. Si ser homosexual te complica la vida en las capitales imaginen en el campo o en los pueblos chicos: formar pareja se convierte en una misión imposible. ¡En estas condiciones hay que ser macho para ser homosexual!


Si estás solo eres raro

La sociedad no tolera vernos solos. Nos empuja desde la guardería y el nido o jardín de infantes a que confesemos qué chico o chica nos gusta. Nos preguntan a los seis años si tenemos novio o novia. Cuando los tenemos nos preguntan cuándo nos casamos. Cuando rompemos nos preguntan si hay alguien nuevo. Y si pasamos un par de meses sin novio, empiezan a sospechar… “Sigues solo?””¿Quieres que te presente a alguien?” Mmmmm… raro…
La verdad es que no es malo estar sin pareja. Lo malo es quedarnos en relaciones intolerables por no estar “solos”. Y la verdad es que nadie está solo, sino rodeado de grupos sociales, vecinos y amigos… Nadie está solo, salvo que quieran que mamita los atienda como a los tres años. Esto indicaría que el mundo es un gigantesco Kindergarten con niños que lloran porque mamá no los atiende.Toda esta cosa neurótica de que si no estás en pareja, estás solo acaba convenciendo a la gente de que si no tienes pareja no estás completo. El viejo mito de la media naranja empuja a hombres, mujeres y homosexuales a formar malas parejas a las apuradas .Es más: luego de que armamos esa pareja, por más que nos llevemos como los mil demonios con ella, la sociedad entera sigue ejerciendo de “efecto cemento”, preguntándonos en cada encuentro “¿cómo está ella?”, “¿por qué no vino él?” , “¿cómo andan ustedes dos?”, “queremos invitarlos a casa” y todo eso. Es más: si te separas, al dolor de la ruptura debes sumarle el engorro de tener que anunciarlo a todos los conocidos. El silencio que sigue a este anuncio sí que es curioso…y solitario. Te dan ganas de avisar: “¡Oye, he dicho que me separo, no que voy a asaltar un banco!”. Todos te empujan a reconciliarte con tu pareja, por envidia de ver que tienes los cojones que el otro no tiene. Y si los hombres tienen difícil anunciar una ruptura, las mujeres lo tienen peor. De ellas se supone que estar sola es sospechoso y estar acompañada es promiscuo. ¿Y acompañada por una mujer? ¡Es inmoral e incatalogable!
Ahora bien: si la sociedad entera nos empuja a hombres hacia mujeres y viceversa … ¡imagina como se siente un homosexual cuando lo empujan a ponerse de novio con alguien del sexo opuesto…o – en su defecto - no lo dejan vivir solo! ¿Como hace un gay para encontrar novio a su gusto sin sentir ojos en la nuca, y el escarnio de todo su grupo social? Una vez que la familia y el entorno saben que eres homosexual, por fin puedes respirar… ¡Uf, qué alivio! ¡Te salvas de que te sigan preguntando “¿Y, cuando nos traes una noviecita a casa?”! Pero de pronto encuentras otra paradoja, y es que – como bien sabes – no te empujarán a conseguir pareja de tu mismo sexo. ¿Qué pasó? ¿No era que tenías que estar en pareja con urgencia?
Claro que si tienes la peregrina idea de enamorarte, nadie te pregunta cómo anda su amorcito, no los invitan a ambos a cenar a casa de la tía, a ti no te entusiasma andar presentándoselo a todo el mundo porque lo miran raro… (Aunque tu tía Rita, la soltera, lo mire a tu novio con ganas).
Esta manera en que el entorno les da la espalda, es lo que fragiliza a la pareja gay, que tiene estas trabas a su afianzamiento:
- : no cuentan con ese cemento impuesto de afuera de “ustedes dos tienen que seguir juntos”.
- - no cuentan con hijos que obliguen a mantener una unión para cumplir la función reproductiva
- - no cuentan con papeles legales que obliguen a brindarse asistencia mutua.
- - no cuentan con bienes de familia a compartir
.
Habiendo un vacío legal, sin hijos y sin entorno que los apuntale a seguir juntos, las relaciones homosexuales sobreviven solamente por la voluntad de ambas partes, renovada en el día a día, y porque alguien tiene que darle de comer al perro. Lo que tienen a su favor es que a la hora de conocerse, gays y lesbianas se andan con muchos menos rodeos que los heterosexuales. Como hay más entendimiento entre el propio sexo que con el sexo opuesto los hombres se reconocen con miradas y las lesbianas programan un encuentro después de dos o tres mails: algo impensable entre heterosexuales que busquen algo serio. Una mujer va más confiada a una cita con otra mujer que a una cita con un hombre desconocido. Si no se gustan fisicamente, pueden quedarse horas hablando de recetas de cocina y de ex novias.


El secreto amor lésbico

Los homosexuales hombres, gozan de privilegios que no tienen las mujeres homosexuales en un mundo machista. Son más liberales y viven con menos culpa y miedo su sexualidad, ya que está bien visto que un hombre tenga una sexualidad activa, variada y frondosa.
En cambio, las lesbianas no la tienen tan fácil, porque la sociedad entera sanciona la sexualidad en las mujeres con más fuerza que entre los hombres. Así que ellas se deben ocultar aún más que los varones. Por este motivo, las elecciones sexuales se les limitan más. Su vida sentimental transcurre – salvo excepciones - a escondidas y con cierta vergüenza, entre círculos íntimos de lesbianas, por lo cual alguna opina que “cuatro lesbianas son dieciséis parejas”.Por eso también las infidelidades lesbianas se perdonan más, hasta el punto es que es muy común conservar a las ex parejas como amigas del alma que se unen a la pareja formando familias ampliadas, donde la ex de una pasa a ser una especie de “cuñada” de la otra, y todos en paz, mientras se comporte de modo más amable que las cuñadas reales, que son un espanto. Resuelven el tema evitando los celos retrospectivos: lo que pasó, pasó. Y , como sucede en todo grupo de mujeres sin hombres, juntas la pasan bomba y se divierten mucho por compartir códigos femeninos inpensables en una pareja heterosexual. Muchas se preguntan por qué no habrá residencias de ancianas lesbianas o geriátricos lésbicos con fiestas cada noche. Calculan que si no se inventó aún es porque los vecinos se quejarían, envidiosos, de escuchar risas todo el día.
Claro que entre ellas no es todo miel sobre hojuelas. Hay rencores, broncas, extorsiones y mentiras. Y entre los varones gays hay desplantes y feroces luchas territoriales. Pero como sucede entre las parejas heterosexuales: si hay afecto, las cosas se resuelven y perdonan.
Hay que tener ovarios y una identidad bien plantada para decir “ que me importa lo que opinen los demás". Sólo unas pocas figuras de Hollywood confiesan su lesbianismo a los cuatro vientos, como Cynthia Nixon (la pelirroja de “Sex and the City”), Ellen de Generes, su pareja Portia de Rossi, y Jodie Foster. Claro que una vez que te han entrevistado para “E! Entertainment”, cualquier modo de vida que elijas será fantástico.
También confesó su lesbianismo la jefa de gobierno de Islandia. Pero Islandia queda tan lejos que allí nadie la discrimina.


¿Cuáles se vive una infidelidad en el amor lésbico y el amor gay?

Varios estudios en distintas universidades de Holanda y Estados Unidos coinciden en que los homosexuales hombres, por ser hombres, persisten en el mandato de tener que seguir siendo Don Juanes, aunque esta vez lo sean con otros hombres. Y como entre hombres se entienden, se perdonan con mucha mayor facilidad los escarceos sexuales – que consideran una especie de deporte o juego sin mayor trascendencia - que los afectivos, que significan un compromiso real. En cambio las lesbianas, mujeres al fin, toleran menos los encuentros sexuales que las demostraciones de afecto con terceras. Se sabe que las mujeres somos cariñosas por naturaleza y repartiremos cariño a troche y moche sin mayores consecuencias. Pero para una mujer (al contrario de lo que sucede con el hombre) el sexo es un compromiso mayor, que nos “engancha” si todo sale bien…y ahí es donde la pareja estable sufre el riesgo de que haya infidelidad. Por eso, las lesbianas toleran menos la infidelidad sexual ( como los varones heterosexuales)y los gays – como las mujeres heterosexuales- toleran menos la infidelidad afectiva . Las parejas lesbianas, además, perduran mucho más que las uniones gays , por varias razones : entre mujeres es mucho más difícil engañarse , con el tiempo la pareja se vuelve una socia irremplazable y el entorno de ambas son ex parejas que forman un importante grupo de contención social. Por eso, una deslealtad no se perdona: “No puedes quedarte en pareja con alguien a quien no le ha importado herirte”, dicen ellas.
¿En qué pareja puedes confiar si eres gay?
De acuerdo al psicólogo y terapeuta argentino Guillermo Leone “el más infiel entre los homosexuales es el más intensamente sexual y menos asumido como gay, porque – al no poder hacerse la idea de que puede amar a un hombre - aún no se permite conectarse con sus parejas por lo afectivo. En cambio, el gay asumido que ya se permite amar a quien desea está más interesado en preservar a su pareja que en seguir experimentando, por lo cual será mucho más fiel.” Lo mismo sucede entre las lesbianas: la que recién sale del clóset quiere probarlo todo, y luego se va asentando y a la larga valora mucho más la seguridad que la variedad. Todos los procesos emocionales de conquista son idénticos en lesbianas, gays y heterosexuales: el cortejo y enamoramiento, el confirmar si los sentimientos son mutuos, el ser selectivos, hacer acuerdos, garantizarnos cierta exclusividad…salen todos de las ansias de formar una pareja estable. De jóvenes todos queremos tenerlo todo, y luego por suerte el tiempo nos calma en ese proceso maravilloso que es la madurez, cuando te importa más qué quieres que el qué dirán.


¿Cómo asegurarse que no haya infidelidad?
Todos queremos un amor para toda la vida. La alta fidelidad nos da seguridad, confianza, apoyo y buenos equipos de música. Como los gays no tienen modelos fijos, arman su historia como mejor les parece. Entre los gays varones, algunos hacen acuerdos delimitados, donde se permiten aventuras sexuales tipo “tu sal y juega por ahí, pero regresa conmigo”. Como nada de lo que hagan es “bien visto”, tienen absoluta libertad para inventar lo que quieran y escandalizar a cualquier vecina. Ambos pueden aprovechar que sobre gays y lesbis no hay nada escrito, para escribir su propia historia, incluyendo lo que les interese y excluyendo lo que le moleste. Si el otro no está de acuerdo, el trato se renegocia…o se rompe. Esto de la absoluta libertad de acción es lo que más morbo genera en el entorno heterosexual : ¿cómo es la vida cotidiana de dos homosexuales? Es rarísimo que no se haya hecho aun un reality show sobre el tema. Tedría mucho rating aun siendo un programa bastante aburrido: todo el público esperando que uno de los dos se ponga las plumas y cante “Soy lo que soy “, y ellos conversando y almorzando con total normalidad. De todos modos, esa libertad de los homosexuales goza de buen prestigio, y es lo que hace que la moda andrógina siga en auge: ese estilo algo femenino en un varón y algo masculino en una mujer cautiva siempre, es sexy y ha llevado al estrellato a más de un intelectual o artista . ¡Y pensar que George Sand ( Aurore Dupin) usaba pantalones para no sentir frío en las piernas, y firmaba como hombre para poder publicar sus novelas!
Sabiendo que gozan de esta libertad de inventar cada relación, las parejas homosexuales tienen un miedo enquistado a que el otro “invente” que necesita ser infiel. A todos esta posibilidad nos da miedo, porque el miedo la infidelidad es el miedo al abandono “Pero para el homosexual es un miedo doble”, afirma Leone, “porque ya viene abandonado de antes por la sociedad que lo margina. Si tuvo una pareja que lo aceptaba y ahora lo abandona, se trata de una soledad al cuadrado. Por eso el homosexual cuida la relación. De ella depende su subsistencia afectiva”.
¿Como se evitan los conflictos? Con acuerdos claros y negociaciones honestas, que no ofendan a nadie. Nada de “yo puedo divertirme, pero tú no” . Los acuerdos pueden cambiar tanto entre las partes como entre las latitudes: hay países más laxos, y países más cerrados, y cada uno hace lo que puede y quiere.Pero no caben dudas de que la pasaan mejor los gays de Australia que los de Somalía. Si eres de Irán y encuentras pareja en Nueva York, la pasarás mejor en esta ciudad que en Teherán, y no porque tiene más bares de jazz. .
¿Qué hay que hacer cuando te enteras de que tu pareja te fue infiel?
Preguntar “¿por qué lo hiciste?”, opina el psicólogo, es hasta cierto punto en vano. Una parte de la pregunta se puede responder y otra no, ya sea porque no puede responder algo ofensivo,- “Ey, para ser viril tengo que tener muchas parejas”, “¿Nos ves que quiero demostrar que soy una máquina sexual?”, “Debes entenderlo: hay pocas lesbianas y esta se me regaló” - o porque lo hizo por motivos inconscientes que ni el infiel conoce. Pero el motivo de base de la infidelidad es una venganza: “te engañé porque me dejaste solo/a”. Esto puede ser un llamado de alerta o el portazo final. Muchos infieles dicen “no tuve otra elección que buscar por otro lado lo que mi pareja no me daba”. Pero pese a que no haya tenido otra elección, la decisión sí pudo evitarse. Así que, como dice una lesbiana “la primera vez que te meten los cuernos es culpa de ella y la segunda es culpa tuya, por haberla perdonado” . Si el que decide ser infiel sabe en el lío en que se mete y lo hace igual, eso tiene un solo nombre: desamor.


Cómo recomponerse después de la traición:


¿Cómo ser gay sin vivir en pánico a que te traicionen?
Como en cualquier otra relación, lo ideal es saber qué relación queremos, y cuál es posible con la pareja actual. Es decir, que si te enamoraste de alguien que no puede estar cinco minutos sin seducir para probarse a sí mismo su irresistible atractivo, sabrás que si te lo llevas a vivir a una cabaña en la montaña, tu pareja no será feliz, o empezará a seducir renos, lo cual sería sumar cuernos a los cuernos: un tema espinoso. Para instalarte en la montaña deberías haberte enamorado de un ser contemplativo que se fascine tanto con mirar la forma de las nubes, que apenas te preste atención a ti. Yo se que elegir entre estos dos es como preguntarte si prefieres morir de calor o de frío, pero lo más difícil siempre es encontrar el término medio. El eterno drama humano es comparar lo que soñamos con lo que nos trae la dura realidad. Por supuesto, la realidad siempre pierde, por lo cual siempre la llenamos de cuadritos y tapices como si fuera un restaurante mexicano, con el concepto decorativo de que “si ha de ser feo, por lo menos que sea alegre”. Entonces, si te elegiste un seductor nato de los que te sacan de quicio de celos, disfrútalo porque no va a cambiar. O cámbialo tú por alguien que mire nubes, para vivir en paz. El error siempre es pedirle peras al olmo: ¿Puedes esperar lealtad eterna de alguien con un historial de infidelidades sucesivas? No. Quizás puedas divertirte en grande, pero no armar una relación exclusiva .Hay que saber hasta dónde puede llegar una relación, sin tener exigencias poco realistas. Digamos que con dos ladrillos no podrás construir un puente, pero sí pueden servirte como dos bonitos pisapapeles. Si te va lo de la “pareja pisapapeles”, conviene recomponer la relación de pareja.
Como sucede entre los heterosexuales, los homosexuales a veces eligen hacer la vista gorda a las traiciones y perdonar por cierta pereza de comenzar todo desde cero con otro, por no renunciar a un gran amor o porque su pareja sabe hace buenos guisos y paga las cuentas. Si tu pareja es de las que guisan bien, conviene estar muy al tanto de cómo está el otro, y qué necesita cada día. A veces no nos damos cuentan de que las cosas cambian con el tiempo. Así que más vale darse cuenta uno, antes de que se de cuenta otro de afuera. Dicen los hindúes que no alcanza una vida para conocer al otro, y eso es muy cierto, lástima que los televisores de pantalla plana nos quitan tiempo para averiguar con quién estamos. Por eso vale la pena saber en qué se ha convertido nuestra pareja hoy, cómo cambió, qué le gusta, qué ya no le gusta y qué no nos ha contado por miedo al “¿qué pensarás de mí?”. Si ambos se interesan uno al otro tanto como desde el primer día, hay pocas chances de que tengan ganas de corretear por ahí, salvo que estén buscando lo meramente sexual.
Dado que la infidelidad generalmente se basa en la búsqueda de otro cuerpo- ¡no somos infieles buscando “otras mentes “!- , para recuperar la relación lo primero que hay que hacer es recuperar el cuerpo del otro. No: esto no lleva redes ni cadenas, sino abrazos. A veces tienes tanto rencor por la traición que dices que ya no hay nada que recuperar. Pero no es cierto, porque por más enojado que estés, si te toca alguien en un cuarto oscuro sin saber quién es, sentirás algo. Y si ambos están desnudos, sentirás aún más. Si eso te pasa jugando al gallo ciego con cualquiera…¡imagina con tu pareja! El redescubrimiento mutuo puede ser interesante, siempre y cuando tu pareja no te pise un pie ni te meta un dedo en el ojo. Sin abrazos no hay oxitocina,y sin oxitocina no hay apego. Cuantas menos ganas tengas de tocar al otro,- por rencor o dolor - es cuando más hay que abrazarlo para recuperar la relación. Eso sí: evitar proferir interjecciones como “Aj”, “Uf” o “Puaj”. Y al mismo tiempo, sentarse a conversar de lo que pudo haber fallado, y en qué momento uno se sintió abandonado por el otro.
Otro motivo de infidelidad homosexual, es poder “jugar a ser otro”: hacer otro papel con alguien que no te conoce. Es por eso que las parejas versátiles duran más que las más conservadoras y estructuradas.Si tienes variedad adentro de la pareja y te permites cambiar de roles, no tienes que ir buscando “ser otro” afuera. Y esto también vale en las relaciones heterosexuales.Que haya roles fijos nunca es buena idea en ninguna pareja, especialmente si te toca el de destapar el retrete o el de quitar las hojas del tejado cuando llueve. ¡Al diablo con los roles fijos! Cada vez que se arma una “ pareja despareja” – cuando uno se somete y el otro es el sometido, uno es “la mujer” y el otro es “ el hombre” , uno es “la madre” y el otro “el hijo”-, se arma una asimetría que produce infidelidad, porque el que hace de “hijo” crece y se va, el sometido se rebela y engaña, y el “macho” se cree con más privilegios por su posición de hombre y acaba desautorizando a la “mujer”. Esto mismo sucede en las parejas heterosexuales. Los roles prefijados inamovibles ya no le sirven a nadie, y están haciendo estragos en las relaciones humanas. Sólo una relación entre pares da lugar a la intimidad y confianza que se precisa para contar uno con el otro, sabiendo que pueden cambiar de roles día a día, como en un juego, según las ganas: Si hoy yo soy Tarzán y tú eres Chita, mañana yo soy Chita y tú eres Tarzán, y pasado mañana somos dos monos, pero mejor no reciban visitas ese día.
¿Es distinto el amor entre gays y lesbianas? No lo creo: en cuestiones de amor, somos todos iguales. En cuestiones de dinero, comida y ropa, también. En cuestiones de temores, sueños y recuerdos, también. Si sólo la orientación sexual nos diferencia, para lo único que sirve saber si alguien es gay , es para no enamorarte de alguien que no se siente atraído por ti…algo tan cotidiano entre homos y heteros que, al final, te acostumbras.

4 comentarios:

  1. Soy una mujer hetero, pero me ha encantado el principio y el final de esta entrada, lo que pasa es que es muy tarde para leerla entera, pero ya lo haré.

    Decir que con lo poco que he leído estoy 100% de acuerdo y que siempre lo he pensado pero nunca había conseguido expresarlo bien.

    Bueno, eso, no te conozco de nada, pero es que tenía que decirlo.

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  2. Me ha encantado esto que has escrito:

    Los roles prefijados inamovibles ya no le sirven a nadie, y están haciendo estragos en las relaciones humanas. Sólo una relación entre pares da lugar a la intimidad y confianza que se precisa para contar uno con el otro, sabiendo que pueden cambiar de roles día a día, como en un juego, según las ganas

    Pienso que esa es la clave para todo lo que trata el post, lamentablemente de a poco vamos aprendiendo a desatarnos de roles pre-establecido

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  3. “el más infiel entre los homosexuales es el más intensamente sexual y menos asumido como gay, porque – al no poder hacerse la idea de que puede amar a un hombre - aún no se permite conectarse con sus parejas por lo afectivo. Esto me hace entender muchas cosas. Excelente blog.

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  4. “el más infiel entre los homosexuales es el más intensamente sexual y menos asumido como gay, porque – al no poder hacerse la idea de que puede amar a un hombre - aún no se permite conectarse con sus parejas por lo afectivo. Esto me hace entender muchas cosas. Excelente blog.

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